Personalmente este día fue el mejor de todo
el viaje con mucha diferencia. Como todos los días madrugamos. Este día
teníamos desayuno en el hostel, así que cogimos fuerzas con la mermelada de
naranja y fuimos hacia el parque nacional de Skaftafell. Pasamos otra vez por
la laguna glaciar y seguimos pensando como era posible que apareciese de la
nada. Es una de las principales atracciones turísticas del país
Skaftafell National Park está situado entre
Kirkjubæjarklaustur (Klaustur) y Höfn. Forma parte del PN Vatnajökull. La
entrada principal está en Skaftafell, junto al glaciar Vatnajökull. Hay que
desviarse unos cinco kilómetros desde la Ring Road para llegar al centro de
visitantes donde hay una pequeña cafetería, un aparcamiento con mesas de picnic
y una zona de camping. En la oficina de información del parque informan sobre
las distintas rutas que se pueden hacer. La primera ruta sale junto al camping,
a la derecha de la oficina de información. Desde aquí salen la mayoría de las
rutas y luego se pueden ir enlazando.
Cuando llegamos lo primero que hicimos fue
contratar la excursión por el glaciar. Llegamos tarde así que le preguntamos a
un chico que cuando salían las demás y cual merecía más la pena. Ya íbamos con
información privilegiada. Nos había dicho que había una ruta de 2 horas y media
que era para niños y jubiletas que cogiésemos la más larga. El problema es que
eran 5 horas y claro eso impresiona. Preguntando al que sería nuestro guía, nos
dijo que al final se estaban de 3 horas a 3 horas y media solo sobre el hielo y
que no tendríamos ningún problema. Así que nos lanzamos y contratamos la
excursión por 60 euros por barba con glacier guides. Desde luego que no nos
íbamos a arrepentir.
![](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgnk5eOWRwluteenU1g6CdRlpTNHc_TbU0lLeNy6JtZYg6nhdoDoDJau8WlaZ3ZJ6ClNYJnouNEuHcpusNDRXncAg31x5uyJZhxXJ-2-n2f17tmGmPiVdxdzsh92yVrfQNL1JnjiA/s320/IMG_1009.JPG)
Como la excursión salía a la una de la
tarde, y eran poco más de las diez y media, decidimos hacer la ruta para ver
Svartifoss. Hasta la cascada hay media hora o algo más, caminado por la montaña
entre arbustos bajos, hasta llegar al cortado donde cae la cascada. Seguimos la
ruta pasando por algún mirador donde disfrutar del espectacular paisaje hasta
llegar a una segunda cascada, la Hundafoss, menos espectacular pero también muy
bonita.
La primera parte del camino va subiendo la
ladera de la montaña durante algo más de media hora hasta llegar al lateral de
una de las lenguas. Una vez en este punto, el sendero sigue por la ruta larga,
bordeando el glaciar, o se puede seguir otro camino más corto, que va hacia la
Svartifoss.
Svartifoss (Cascada Negra) está rodeada por
columnas basálticas negras, de origen volcánico, que le dan su nombre. Las
columnas hexagonales fueron formadas por un proceso de cristalización dentro de
un flujo de lava al enfriarse de manera extremadamente lenta. Formaciones
similares a esta se encuentran en la Calzada del Gigante en Irlanda del Norte y
en la isla de Staffa en Escocia. La base de esta cascada está repleta de rocas
afiladas, a medida que se desprenden nuevas secciones de columna hexagonal, más
rápido de lo que el agua tarda de limar sus. Tiene su origen en las aguas del
deshielo del glaciar vnafellsjökull. Durante el trayecto de subida hay otros
saltos de agua como la cascada Hundfoss (cascada de los perros). Muy cerca de
la cascada Svartifoss hay un desvío hacia el Mirador de Sjónarnípa. La caminata
vale mucha la pena ya que desde este punto podréis disfrutar de unas
espectaculares vistas del glaciar de Skaftafellsjökull y del desierto de arena.
Pero a nosotros no nos dio tiempo ya que teníamos cita con el glaciar.
Íbamos a ir por la lengua Falljökul, a los
que habíamos cogido la excursión larga nos dieron arneses, piolets, cascos y
crampones. Hacía un sol de justicia aun así decidí llevarme el superabrigo. Nos
montamos todos, excursión corta y larga, en un autobús del cole americano que
nos llevaba a la lengua, 20 minutos de trayecto. Nada más llegar, empezamos a
ponernos los arneses y yo empecé a ponerme mi forro polar y mi abrigote. El
guía me dijo algo así como “Amigo, creo que vas demasiado abrigado” con una
camiseta de manga corta. ¡Será mamón el tío! Podía habérmelo dicho en el
parking. Pues el forro fue a la mochila y el abrigo a llevarlo en los brazos.
No tenía frio porque hacía sol, llevaba mallas y una camiseta interior de
esquiar. Después de más de media hora andando por lo que creímos tierra
llegamos a la lengua. Pero no era así, todo el rato que íbamos andando como por
tierra, en realidad era hielo. Vaya sorpresa nos dimos. Otros diez minutos
tardamos todos en ponernos los crampones mientras nos contaba la historia de
los glaciares. Nos llevó a dos agujeros que se habían formado y en ese momento
fue cuando nos alegramos de haber cogido la excursión larga: el otro grupo de
la corta regresaba al autobús.
Nosotros que le estábamos cogiendo el gustillo a
andar por el glaciar, pudimos continuar (menos mal). Como hacía bueno, el agua
fluía por todas partes y como nos dijo el “amigo” esta agua era muy pura y se podía
beber directamente… y eso hicimos (incluso yo que era muy reacio y al final nos
cascamos varias botellas… por suerte sin dolor de estomago por el frio). Nos
metió por zonas blanquitas, por zonas llenas de ceniza, por pequeñas cascadas
de agua que se iban formando, por cuevas… todo esto camino de unas crestas
espectaculares. Nos enseñó a subir y bajar por el hielo a andar lateralmente
para no caernos (todo esto en el contexto de meros aprendices). Fueron tres
horas por el hielo espectaculares, donde la belleza de la naturaleza te deja
sin palabras. Cansados pero contentos regresamos al parking a recoger nuestro
coche. La sonrisa no se podía borrar de la boca.
Proseguimos hacia Hvoll donde dormiríamos
esa noche. La verdad que ha sido uno de los hostel que más me han gustado. 3
cocinas, habitaciones bastante amplias, comedor grande. Como estábamos cansados
nos hicimos pasta para cenar y nos fuimos a dormir. El cielo estaba despejado
pero no veíamos ninguna aurora. Decidimos poner la alarma del móvil cada hora
para ver si veíamos alguna aurora. Pero no veíamos nada, nos asomábamos por la
ventana y veíamos a gente como nosotros que miraba, pero nosotros seguíamos sin
ver nada. Mi primera alarma sonó a las 00:30 me asomé a la ventana, salí por
una puerta lateral pero seguí sin ver nada. La cosa es que veía a la gente que
miraba y yo pensaba ¿Cómo serán las auroras…? Hasta que vi unas pequeñas
franjas blanzas en el cielo SIIIIIIIIIII eran auroras, nos vestimos corriendo y
bajamos abajo.
Pregunté a un americano gigante que si había luces del norte y
con una sonrisa como la de papa Noel, dijo, “si, lo son”. Amablemente nos
regaló un secreto, si íbamos a la parte de atrás del hostel había una mesita
donde no había casi luz y donde se veían mejor las auroras. Guau, que maravilla
el cielo lleno de esta belleza natural. Como había luna llena se veían más
blancas que verdes (verdes se veían cuando eran muy fuertes). Nos pasamos casi
dos horas admirándolas, viéndolas bailar y pasando frio. La verdad que mereció
la pena. Fue un día redondo, cascada, glaciar y auroras. Indescriptible.
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