lunes, abril 07, 2014

Japón 4 de Septiembre 2013: Nikko-Tokio

Ese día madrugábamos bastante, a las 6:30 de la mañana arriba. Toda la noche oímos llover mucho, pero justo cuando salimos por la puerta del hotel paró. Compramos nuestro primer desayuno en Japón en el Lawson (el combini de al lado del hotel). Consistió en un café Premium, algo que parecía colacao (pero que era café) y como fartones con chocolate (o los dowaps pero alargados). Creo que no llegó a 500 ¥.
Nos fuimos corriendo medio chispeando a la estación de shinkansen NASUNO de Ueno ya que no teníamos asiento reservado a las 7:10. Por supuesto nos pasó la de todos los novatos: “Mira que son chulos estos asientos”… nos metimos en el reservado de green card. Luego en reserved también, pero al final nos dio tiempo a salir para meternos en el nuestro. En el trayecto a Utsonomiya (sí, la línea que lleva a Fukushima) hicimos nuestro ritual: desayuno en el shinkansen y siestecilla, que eran 50 minutos de trayecto. Luego cogimos la JR Nikko Line y a las 9:10 estábamos en Nikko. Ahí no lo dudamos, cogeríamos el autobús que nos llevase a los templos y bajarnos… donde se bajasen todos (creo recordar que fue en el Rinnoji Temple). Eran unos 200 ¥ que nos evitaban una caminata de media hora.

Lo que más nos impactó es que hacía fresquito, sobre todo en comparación al día anterior. Nikko está en una zona más elevada, sin ser de montaña, llena de vegetación, muy tranquila y con árboles enormes. Cuando llegamos al Rinnoji estaba nublado pero sin chispear… y en obras. Así que pasamos de pagar la entrada y fuimos a por la parte chula: El santuario del Toshogu (además vimos aparecer varios autocares con estudiantes japoneses con lo que aceleramos el paso). Su entrada cuesta el módico precio de 1300 ¥ (hacía 15 días que habían quitado un pase conjunto para los templos de Nikko por 1000¥… que mala pata). La entrada tiene un torii de piedra enorme y guerreros cabreados. Por todos los senderos están las linternas de piedra tan típicas con musgo por encima. Nada más entrar a la izquierda está la talla de los tres monos sabios (sanbiki no sar) que no oyen, ni ven ni dicen mal. Es donde está el establo con el caballo blanco. A la derecha se encuentra una talla que representa lo que creían los japoneses que eran los elefantes… un aire se le daba pero no se yo. Seguimos y vimos las campanas, más templos y la pagoda. Luego fuimos a oír el edificio “del dragón rugiente”, descalzos por supuesto (vimos unas sandalias de una japonesa que tenían por adorno las cuentas del collar de Marge Simpson… telita). El monje japonés después de soltar su charla en perfecto japonés, cogió dos piezas de madera para golpearlas y oír es rugido del dragón (seguro que era un Lannister exiliado: “oye mi rugido”).
Después de esto fuimos a ver la puerta Yōmeimon de la que estaban restaurando parte. La verdad que era una obra de arte incomparable con cientos de pequeñas tallas. Vimos también por primera vez los sacos de arroz para hacer sake. Allí encontramos el famoso Nemuri-neko que es un gato durmiendo que protege de los espíritus (o los ratones). Todo el mundo estaba sacándose fotos a la entrada con el gato. De ahí se iba hasta la tumba del Ieyasu. Muchas escaleras cuesta arriba y muchos árboles. Lo malo es que al llegar arriba empezó a llover con lo que pudimos verlo poco. Bueno, alguna aprovechó para comprar un cascabel del gato. Nos sentamos a esperar que dejase un poco de llover y a los 10 minutos empezamos a bajar pues la bruma también bajaba. Empezábamos a temer que se nos iba a aguar la visita... y así iba a ser. Después de lavarnos las manos a la entrada del templo (sí, lo hicimos al final porque al principio había mucha gente) empezó a llover con ganas… durante casi una hora. Nosotros no habíamos comprado los paraguas la noche anterior en el BIC camera (“Si no va a llover”) y a la vista no encontramos ningún sitio donde vendiesen paraguas. Lo lógico es que si los vendiesen, los pusieran a la vista… pues después de 50 minutos, preguntar por señas en la taquilla por un paraguas (se rieron bastante con el gesto de abrir un paraguas), nos indicaron que en la tienda de enfrente tenían paraguas. Así que Ponchoman amablemente fue al rescate y compró un magnifico paraguas por 500¥ (que nos lo trajimos de vuelta a España jejeje). Por peaje tuvimos que comprar un “dulce” japonés. Nota: en Japón no tienen dulces como los entendemos nosotros. Así que después de preguntar “si eran sweet” Ponchoman escogió el que más le gustó “Kore”, y al primer mordisquito, lo escupió. Era un bollito de pasta de arroz con judía dulce que era como Kriptonita para Ponchoman.
Ya descansados con paraguas nos dedicamos a ver los demás lugares turísticos de Nikko. Fuimos a ver Taiyuinbyo que parecía bastante bonito y grande cuya entrada costaba 550¥. Nos gustó sobretodo el paisaje y donde te echabas el agua que tenía una canalización curiosa. Además rodeabas el recinto y te sentías un samurai. Como nos sentimos generosos, fuimos a ver el santuario Futasaran que costaba 200¥. Allí había muchos árboles, guardias de colores y juegos como el de meter una cuerda redonda en un palo. Parecía la feria. Después de esto nos dispusimos a buscar un sitio donde comer, ver el puente Shinkyo y el abismo Kanmangafuchi. Ahí fue el momento surrealista del día. Un anglosajón jovencito de la universidad local nos hizo una encuesta sobre “macaques”, vamos los monos de Nikko con preguntas del tipo “volvería a alimentar a los macacos” o “creo que los macacos y las personas pueden convivir”. Unos resultados 100% validos iban a salir de nuestras encuestas…
Como eran las dos de la tarde, decidimos darnos prisa en ir a ver el puente y si veíamos algo comíamos… mala solución. Pero bueno no llovía así que fuimos a ver el puente Shinkyo símbolo de la ciudad. Es un puente con aspecto antiguo que solo puede entrar uno por un lado y además hay que pagar. Nosotros nos dedicamos a sacarle fotos junto con el río que era una pasada. El verde de la vegetación, rojo del puente y el turquesa del río era una maravilla. Pero la bruma seguía bajando, así que salimos escopetados para llegar al abismo Kanmangafuchi que la verdad está bastante lejillos (20 minutos andando) y sobretodo mal indicado. Ahí nos esperaban hileras de estatuas vestidas, algunas cubiertas de musgo, otras deshechas y el río a la derecha. Se respiraba la paz y tranquilidad con la naturaleza y la neblina. 
Los budas tenían todos sombrero y babero, con la rasquilla que hacía supusimos que era para que no pasaran frío. Después de terminar subimos por unas escaleras y encontramos una sorpresa, un cementerio. La verdad que no nos esperábamos encontrar algo así en este lugar, tan mimetizado con la naturaleza. Linternas de piedra cubiertas de vegetación y otras figuras de piedra convirtiéndose en bosque. 
Y después de estos momentos mágicos, de vuelta para buscar un sitio donde poder comer algo, llegó la lluvia. No encontramos ningún sitio donde poder comer cerca de donde nos encontrábamos, la lluvia caía con fuerza y no sabíamos ni a donde ir. Hasta que vimos una parada de autobús. Esperamos unos 15 minutos y marchamos de vuelta a la estación de JR donde esperábamos comer. Los precios que marcaban las primeras paradas ponían casi 3000 ¥ y pensamos “la hemos hecho buena”. Pero no, era para el que hubiera hecho el trayecto completo, los nuestros eran 230¥. Si alguna vez hacéis lo mismo y pensáis comer por ahí, bajaros en la estación del Tobu que es donde está todo. Nosotros fuimos a la del JR y desandamos, teníamos 40 minutos hasta el tren. En las tiendas solo vendían comidas raras (mini pizzas secas hiperpicantes, picatostes de chocolate…) y dulces de arroz. Para un sitio que nos servían comida lo descubrimos tarde. Así que se nos encendió la bombilla “¿En esa panadería no venderán algo de comer?”… Lastima que un grupo de pensionistas japoneses nos ganase por la mano y se metiese primero a la tienda. Así que resignados a irnos sin comer regresamos a la estación JR. Justo antes de llegar encontramos otra panadería pero muchísimo más cutre. Nos metimos y pillamos una cocacola un par de croissants con pollo y lechuga una especie de bollo-pizza con queso y nuestro primer bollo relleno que nos recordaba a los parsec polacos. Total unos 800¥ para comer los dos. Por supuesto el mejor sitio para comerlos era el JR Nikko Line, así que mostramos nuestros JR pass como si fueran placas de policía y para dentro a coger el tren de las 17:35 que nos dejaría a las 19:30 en casa. Comida y siestecilla para descansar los piececitos hinchados. Después de llegar al hotel a esas horas, cambiarnos y alguno hacerse el remolón llegamos tarde a Shibuya donde habíamos quedado. Un momento gracioso fue que vimos a unas cuantas japonesas con las mascarillas sentadas en frente al lado de Julius que estaba rodeado de mujeres. Fue un momento de “hueles mal” jajajaja.
Casi antes de ver al perro Hachiko nos habló un “relaciones” de un bar para beber toda la cerveza que quisiéramos durante dos horas por unos 1000¥. Tuvimos que rechazarlo porque el jetlag nos pegó de lo lindo y acabábamos de llegar a Shibuya (si no le hubiéramos salido caros). Nos sacamos las fotos con Hachiko y nos dispusimos a cruzar varias veces por el famoso cruce. Ni que decir tiene que no impresiona tanto. Impresiona lo mismo que ver Picadilly Circus, crees que es enorme y no lo es tanto. Eso si, gentecilla hay. No se que haría esta gente cuando viese la castellana, si esto le impresiona tanto… Julius estuvo intentando sacar fotos con su tripode o mejor dicho monopié. Lastima que fuera la primera vez que lo usaba y entonces no fuese todo lo fluido y rápido que podía haber sido. Después dimos vueltas por Shibuya viendo tiendas (por supuesto había un Zara y un Macdonalls) y luces. Vimos unos policías que nos miraban, llevábamos el pasaporte por si acaso para que no pensaran que éramos ilegales. 
Y después de tantas vueltas, fuimos a cenar. Entre una maraña de carteles, Nesuta nos llevó al segundo piso de un edificio donde había estado cenando. Un poco raro parece al principio lo de que en cada piso sea un restaurante distinto. Nos pedimos un Ginger pork con arroz que te ponían un huevo crudo y dando vueltas con el calor del arroz se cocinaba. Nesuta nos contaba que la última vez que fue con un japonés miro su bol que no tenía huevo y que dijo algo así como “¿dónde esta el huevo?” y la camarera estaba detrás con el. Vamos en resumen, que el huevo te lo traían después. Pero eso era solo en teoría, porque después de un rato y 5 sumimasen y por último tamago, nos lo trajo. La camarera estaba un poco distraía y se había olvidado. Este plato eran unos 750¥ mientras que un plato de carne eran unos 1200¥, así que cenamos bien y bastante económico.


Hacía las 22:30 o 23:00 pusimos rumbo a Ueno. Nos despedimos de Nesuta hasta el día 13. En la línea Yamanote tardaba 32 minutos, así que nos echamos siestecilla. Había bastante gente para la hora que era (que agobio de gente) y cuando llegamos a Ueno por fin encontramos la salida Iriya que era la que mejor nos dejaba del hotel. Lástima que fuese el último día. Lo peor fue la despedida antes de dormir. Teníamos que coger el shinkansen a las 7:03 en Tokio, así que había que quedar a las 6:30 para comprar el desayuno, hacer el checkout, correr y coger el JR. Ahí se pronunció con un murmullo “yo no voy a poder aguantar este ritmo” y “te vas a cargar a Julius”. Solo íbamos a dormir 4 horas, sin contar con nuestra segunda cama: el shinkansen.

martes, marzo 04, 2014

Japón 3 Septiembre 2013: Madrid-Tokio

El día 2 de Septiembre de 2013 empezaba nuestro viaje a Japón. Esa noche apenas dormimos 2 horas. Los nervios, el insomnio y la inquietud por saber que nos encontraríamos allí. A las 7:30 de la mañana salimos con nuestras dos maletas rumbo al aeropuerto. Volábamos con KLM a las 10:25 con escala en Ámsterdam y llegaríamos a Tokio a las 8:45. La verdad que el vuelo fue agradable, teniendo en cuenta que fueron más de 15 horas en el aire… pero nos íbamos a casi 10000 kilómetros de casa. En el avión no paramos de comer y tomar líquidos e intentamos dormir lo que pudimos (no creo que llegase a 5 horas descansando). Yo me puse la película del Hobbit para con la banda sonora, dormirme mejor. Como curiosidad, la familia española que viajaba en ambos vuelos detrás de nosotros durmió como un lirón. Esos yo creo que durmieron mínimo 12 horas, y las que no durmieron hablaban demasiado alto, con lo que a los que nos costaba dormir, no pudimos.

Cuando llegamos al aeropuerto de Narita hicimos un poco el pardillo. En vez de salir e ir inmediatamente al control de inmigración y a la aduana, fuimos al baño, intentamos coger WiFi para avisar que habíamos llegado… Total que fuimos los últimos en llegar y nos comimos una cola de una hora de espera. Y a partir de aquí encadenamos todas las colas. En inmigración pusimos los dedos y poco más, en la aduana pasamos nuestro embutido y frutilla. Después fuimos a cambiar efectivo, no mucho ya que al final nos cogieron la tarjeta de crédito en casi todos los sitios y de ahí a la cola del JR-Pass. Allí otra espera, con una chica muy maja que nos indicaba lo que teníamos que rellenar y que sólo podíamos reservar el Narita Express de ese día. Ya teníamos nuestro papelote para enseñar y pasar por todos los trenes JR. Otra hora de viaje hasta la estación de Tokio y de ahí a Ueno.

En Japón hacía un calor húmedo muy difícil de soportar y buscábamos la sombra donde podíamos. También el problema es que salimos por la salida de la estación de Ueno que pensábamos que estaba más cerca… pero todo es enorme. Además el GPS Osmand no nos funcionaba bien y dimos vueltas alrededor del hotel. Suerte que un amable japonés al vernos consultar un mapa nos ayudó con su movil GPS y nos ubicó. Milagrosamente el Osmand se recuperó y nos llevó hasta el hotel New Izu Hotel. La verdad es que parecía cutre a más no poder, pero luego no fue tantísimo... solo un poco. Llegamos a las 13:30 pero no podíamos entrar hasta las tres y nos indicaron amablemente que esperásemos. Con la paliza que teníamos y el calor de fuera nos quedamos en los sofás. Pagamos con tarjeta, dándola con dos manos por supuesto mientras vigilábamos con ojo avizor a otros guiris que pensaron lo mismo y no hacían más que turnarse en el sofá masaje. Era graaaatis, así que no hacían más que pasar una y otra vez. Nosotros tiramos de Wifi para mirar correos y whatsapp y además nos comimos nuestros bocatas. La verdad es que tardaron menos de lo esperado en darnos y a las dos y poco nos pudimos ir a las mini habitaciones. Es Japón, todo es pequeño y las camas de matrimonio son de 1,20 metros de ancho. Pero tenía Yukatas y la taza del inodoro con el chorrillo. Decidimos darnos una ducha (después de 24h de la última no estaba mal) y luego ponernos a patear.
Habíamos quedado a las 18:15 en Ikebukuru (esa zona nos la aprenderíamos bien en la segunda parte de la estancia en Tokio) con nuestros amigos para llevarles "los presentes de la tierra”. Así que lo que hicimos fue salir a las 16:00 para ver el parque de Ueno (donde hay sin techo a tutiplén) y también ver cómo llegar a la estación sin dar tantas vueltas (realmente estaba al lado el hotel). Lo que más nos sorprendió fue el calor. Íbamos avisados pero ni aún así, pantalón corto y todo, pero era insoportable. En el parque vimos los cuatro animales típicos japoneses: los cuervos (grandes como gallinas), las chicharras (que parece que van a explotar del ruido que hacen in crescendo) los mosquitos (que pican, dejan marquita, desaparece al día siguiente y al otro bolón) y las libélulas (grandes como portaviones). También vimos el cartel más gracioso del día “prohibido hacer karaoke”. Nos imaginábamos a los adolescentes japoneses que les pillaba la policía preguntando que llevaban en la nevera y ellos respondiendo, no, no es kalimocho y cerveza… ¡mentira seguro que son los altavoces y alguno lleva el micro por ahí! Jajajajaja.

En el parque vimos nuestro primer santuario, el Benzaiten con Toriis y demás cosas. Nos hizo ilusión y sacamos muchas fotos por ser el primero (realmente no tenía mucho). Luego siguiendo el paseo fuimos al Santuario de Toshogu. Estaba bastante bien, con su camino con linternas de piedra y bronce, sus origamis de papel, su campana y sus puertas con paredes doradas… aunque había partes en obras. Aquí vimos a un monje en vaqueros que se acercó a Julius a contarle una historia. Como todavía estábamos españolizados, salió huyendo de este singular monje no nos fuese a timar. En este momento vimos por primera vez las chicharras, más grandes que mis dedos. ¡Vaya bicho! Como se hacía tarde pusimos rumbo hacia el JR. Ya íbamos reventados con el jetlag, el calor y la paliza. Además llevábamos casi 4 kilos de peso adicional. Cogimos el JR y rumbo a ver cosas japonesas.

Habíamos quedado en el vagón 5 de Ikebukuru aunque como somos así de listos cada uno esperaba en un sentido.  Pasados unos minutos nos dimos cuenta de nuestro error y nos encontramos los cinco. Después de los besos y abrazos, procedimos a entregar nuestro paquete: Rico queso nacional, aliñado con algo de jamón cortesía de sus padres y nosotros aportamos dulce, la fruta que no se había aplastado en la maleta y unas gominotas hechas de fruta. (Si… la fruta es un manjar en Japón).

En Ikebukuro nos enseñaron un poco la zona. Las tiendas como el BIC camera, el don quijote, con muñecos del line, juguetes sexuales y hasta ropa (un poco de todo que se dice), el uniqlo, la tienda de hello kitty, el tokyu hands (con muuuuchas cosas de papelería), los maid cafés… Aunque todas las japonesas van enseñando piernaca, en estos sitios van vestidas con calzas y de doncellas. Uno de los sitios más entrañables fue una tienda que vendía juegos de consolas antiguos e incluso maquinitas de cuando teníamos 8 años estilo Donky Kong y marcianitos que hay que recoger.

Y como no sabíamos cuanto aguantaríamos, fuimos a un family restaurant, Gusto, con ofertaza: beber lo que quieras durante 2 horas (o más porque eres gaijin). Ahí nos pusimos hasta arriba de fanta melón y calpis (una bebida con base de leche muy rica… si es sin burbujas). Cenamos arroz, una especie de croqueta, gamba y pollo rebozado y salimos por 980¥, muy económico. Ya de vuelta a coger el tren, nos pasamos por el BIC camera para comprar una tarjeta de datos para Julius. Costó lo suyo y eso sabiendo japonés… no veas como daban vueltas para encasquetarnos a otro dependiente (un japonés no dice que no, pero remolonean a ver si te cansas tu primero… no conocen a Julius). Al final nos mandó a la tienda de enfrente, en la que después de otro rodeo nos vendió la tarjeta. Lo mejor para despacharnos fue “para activarlo llamas a un teléfono y ya está”. Nos despedimos y nos fuimos al hotel sobre las 22:00. Al día siguiente había que madrugar para ir a Nikko. Eso si, esa noche la tarjeta de datos quedó activada. El recepcionista del hotel buscó todas las excusas que pudo para intentar escaquearse, pero no había otra. Había que llamar desde un teléfono móvil japonés (que era gratuito) y, el principal problema, seguir unas instrucciones en perfecto japonés. Lo dicho, al final se consiguió. Y de premio un masaje en el sofá que estaba libre. Cuando subí arriba me dije, el yukata me lo pruebo para hacerme unas fotos (con ojeras de oso panda) y pruebo otra curiosidad japonesa: el baño (nada tiene que envidiar a las tres conchas de la peli de Demolition Man).








domingo, marzo 02, 2014

Viaje a Japón Septiembre 2013: Preparativos

Esta breve entrada sirve de inicio al diario de viaje a Japón de hace 6 meses. Para ir a Japón solo necesitas tiempo, dinero y ganas. Luego cosas más mundanas como transporte y alojamiento.

El Tiempo es elegir la fecha que mejor te cuadre para visitar el país. En septiembre hace una temperatura más agradable que en pleno verano (aún así te asas de calor) pero los días son más cortos y suele haber tormentas tropicales y tifones. En invierno hace un frío que pela y en primavera veras cerezos en flor... pero tal vez no tengas vacaciones.
El Dinero, a parte de tenerlo en la cuenta, tendrás que cambiarlo a yenes. En muchas guías se dice que no aceptan la tarjeta bancaria en muchos lugares. Nosotros pagamos todos los hoteles y muchas comidas con tarjeta. Aún así, está bien tener algo en moneda local cosa que puedes hacer muy bien en el propio aeropuerto o sacando dinero desde un cajero. Son buenos tipos de cambio.
Las Ganas las puedes tener por ser un otaku y gustarte lo oriental o te pueden entrar al mirar alguna guía de viajes. Japón es un país de contrastes: super moderno y a la vez muy tradicional. Con gente muy amigable, muchas veces machista y todo con calidad made in Japan... o no. Por todo esto es un destino turístico muy demandado y que merece la pena visitar.

El Transporte, para llegar al país y para moverte por él. En avión puedes llegar en compañías como KLM, Lufthansa o Emirates. Nosotros elegímos la primera porque tenía una escala muy corta tanto a la ida como a la vuelta y porque era una de las mejores a la hora de la comida. Además puedes entrar por Osaka y salir por Tokio (escogiendo la opción de múltiples destinos) incluso más barato que yendo y viniendo del mismo sitio. Nosotros lo cogimos por viajes el Corte Inglés porque el seguro de anulación desde KLM eran 60 euros y por la agencia solo 10.
A parte necesitas moverte por el país y eso se hace con el JR-Pass: un abono de 7, 14 o 21 días para coger los trenes JR. Nosotros lo compramos por una página en italiano ya que por la de castellano es más cara. Te llega en 2 días desde Francia (desde cualquiera de los dos idiomas).

El Alojamiento es muy importante reservarlo con tiempo porque en fin de semana se llena cualquier ciudad. Usamos Booking y no tuvimos ningún problema. Tened en cuenta que los hoteles de Tokio y Kyoto son más caros y generalmente peores. Los ryokanes (el alojamiento tradicional) están chulos pero duermes en futón en el suelo (a veces son más caros que los hoteles). Y si viajáis en grupo, unos apartamentos siempre os pueden hacer ahorraros unos eurillos.

Por último, os indico un presupuesto básico de 15 días de viaje por si os entran las dudas:
  • Avión i/v 600€
  • Tren JR Pass 300€
  • Alojamiento 500€
  • Comida 300€ (se pueden encontrar sitios muy baratos para comer)
  • Autobuses/Metro/Entrada monumentos 150€
  • Seguro de asistencia médica 50€
Así que por 1900€ podéis visitar Japón sin mal vivir. Y con esto finalizo la entrada "breve" ;-D.


domingo, julio 15, 2012

Islandia 14 de Septiembre 2011: Reykjavik

Salimos del amplio apartamento rumbo a la gran ciudad. Lo primero que fuimos a ver fue la catedral de día. La verdad es que tiene una forma muy curiosa, como un cohete, una nave espacial o como una llamarada. Decidimos entrar dentro y verla más en detalle. Es muy curiosa porque por dentro no hay apenas adornos, solo un impresionante órgano y toda muy blanquita. Se puede subir a la torre. Se paga un donativo de 3 euros (creo que para ayudar a gente con alguna discapacidad, así que no colarse) y desde allí se ve todo Reykjavik con buenas vistas.

A la salida está Leif Ericsson con su hacha. Todo muy vikingo. Bajamos la que parecía ser la calle comercial, no había mucha gente pero comparado con el resto del país sería considerado una marabunta (grupos de 4 personas juntos uuuuuhhh).




Dimos un paseo por el lago Tjörn, con sus patos y fuimos a la plaza del ayuntamiento que estaba decorada con mariposas. Seguimos errando por la ciudad, buscando el monumento más importante que nos quedaba por ver: El barco vikingo. Es una escultura símbolo de la ciudad que asemeja al mascarón de uno de estos barcos. Nos gustó bastante y nos sacamos unas cuantas fotos. Después de esto… nos fuimos a comer porque ya habíamos visto toda la ciudad (y no era ni la una de la tarde). Comimos en un bar por la calle de compras que servían unas sopas contundentes en panes grandes. Tenía la espinita clavada desde Polonia.

 Luego poco más. Un par de vueltas, nos comimos unos donuts mientras unas nativas nos hacían una foto, unas cervezas y de nuevo unas pizzas para cenar. Así nos fuimos a dormir que al día siguiente regresábamos a Hispania como dirían los romanos. Al día siguiente poca cosa hicimos más que lavar el coche para no pagar los 45 euros que ponía el alquiler del coche. En alguna gasolinera puedes lavarlo gratis, te dan la manguera y unos cepillos y ala, al lio. Por cierto, el jabón para lavar podéis comprarlo en cualquier Bonus. Aunque si no lo echáis, después de hora y pico lavando se queda aceptable un todoterreno que literalmente se ha metido por todo-el-terreno (no me recordéis lo del Askja que se me cae una lagrimita).



Como resumen decir que es un viaje que merece la pena. Vas a ver una naturaleza increíble… eso si, piensa que el baño compartido es la tónica y que la comida no es muy variada. Pero como les dije a unos amigos:

“Levantarte, atravesar una laguna glacial y ver una cascada con columnas basálticas es una pasada. Pues si a continuación vas a caminar por el mayor glaciar de Europa y con una sonrisa en la boca piensas en dormir para levantarte a la una de la mañana y ver auroras boreales, bailar y cantar… eso si que no tiene precio”.

miércoles, julio 11, 2012

Islandia 13 de Septiembre 2011: Hveragerði, Krisuvik, Krisuvikurbjarg, Blue Lagoon y Reykjavik


Nos levantamos dejando el que había sido nuestro hogar durante 3 días. ¡Adiós cabañita!. No teníamos nada pensado más que la obligada visita a la Blue Lagoon, así que salimos de Hella rumbo allí vía península de Reykjanes.

Nuestra primera parada fue en Hveragerði. Es una pequeña ciudad del sur de Islandia situada a 45 kilómetros de Reykjavík. Su área circundante es parte del volcán Hengill, que está geotermalmente activo y experimenta terremotos frecuentes. La ciudad es famosa por sus invernaderos, que reciben calor por las aguas termales volcánicas, siendo visitable entre otros el Eden Bananas. Junto a la iglesia hay unas aguas termales llamadas Sandhólshver, formadas durante el violento terremoto del sur de Islandia de 1896. Esta área geotermal tiene numerosas aguas termales y fumarolas. Es un paseíto corto que es agradable de ver mientras lees las explicaciones. Aquí incluso horneaban pan los lugareños.

Después continuamos por la carretera 427 camino de Krisuvik que se encuentra al lado de la carretera 42. La zona geotermal Krisuvik es una de las zonas donde más se puede apreciar la actividad volcánica de Islandia. Esta zona es una de las zonas con más alta temperatura de Islandia. Es muy parecido al Hverir de Myvatn pero en pequeño. Es una buena opción visitarlo el mismo día que la Blue Lagoon. Se puede ver como sale humo de la tierra, como el agua que emana de la tierra esta hirviendo y sobretodo apreciar el característico olor, debido al azufre, a huevo podrido del agua caliente en este país. Muy cerca de aquí hay un pequeño lago con tintes verdes que es digno de ver.

Para comer decidimos coger una carretera (mejor llamarlo camino infierno) para llegar a los acantilados del sur de Krisuvikurbjarg. Si has visto muchos acantilados, pues a lo mejor no te impresionan tanto, pero la verdad es que con sol y reposando para comer unos bocatas es una vista y descanso muy recomendable.



Después de esto ya fuimos derechos a la Blue Lagoon. Es un spa geotermal que es el atractivo número 1 de Islandia. Esto es lo que dicen ellos, yo la verdad es que podría nombrar más de una docena de mejores opciones… La entrada es carilla, unos 30 euros por persona. El coche lo tienes que dejar en un parking que está nada más entrar (el otro parking es de pago). Antes de meterte tienes que ducharte. Y después también si no quieres ir con el pelo lamido como una vaca y encrespado. Tiene un montón de pequeñas atracciones que desfrutar. Sauna, una cascada masaje (básicamente te cae con fuerza agua en la espalda) y montones de sílice para echártelo por la piel y que se te quede tersa. Todo el mundo se lo echa. Yo creo que los guionistas de Walking Dead tomaron de aquí la idea porque menuda pinta que teníamos.

Después de más de 3 horas fuimos hacía nuestro alojamiento en Reykjavik. El hotel Floki, que, la verdad, no sabíamos que tal iba a estar. Pero como llegamos tarde tuvimos suerte, porque no estaba nuestra habitación cuádruple con baño compartido por 57 euros y nos dieron un apartamento para los 4 con baño propio. Vamos que salimos ganando por bastante. Esa noche dimos una vuelta hasta llegar a la catedral y fuimos a comer a una pizzería que estaba recomendada en la guía Eldsmiðjan. La verdad es que las pizzas nos sentaron fenomenal.

Por ese día ya había sido suficiente. Ya habíamos llegado casi al final del viaje. Solo nos quedaba ver la capital del país para terminar con nuestra visita. 

martes, julio 10, 2012

Islandia 12 de Septiembre 2011: Þórsmörk, Vestmannaeyjar, Gulfoss, Geysir y Hella



Este día fue, por así decirlo, de regalo. Era un día que teníamos de colchón por si algún volcán hacía de las suyas así que lo que decidimos ir a ver fueron cosas no previstas y repetir algunas del primer día que estuvieron pasadas por agua.

Leímos en una guía que para llegar a Þórsmörk había que tener un superjeep. Nosotros miramos el mapa y vimos que la carretera F261 pasaba al lado de allí y era más fácil que la F249 (pero también tenía un pequeño vadeo). Bien, pues después de un camino agreste pudimos ver el campamento… pero al otro lado del rio. Y no, no hay puente alguno para cruzar. 




Una verdadera pena porque se veían los arbolitos tan cerca… pero el río lo estaba más. Así que media vuelta. Eso si, nos dimos un paseo por las arenas de la rivera del río, marcando nuestras huellas y haciéndonos un poco “los beduinos”.

Aunque el día estaba como con calima, fuimos a ver las islas Vestmannaeyjar. Se veía poco por lo que solo pudimos ver el mar golpeando las negras playas. 


Como hacía sol, decidimos ir de nuevo a ver Gulfoss esta vez sin lluvia, pero con mucho aire. ¡Por fin pudimos sacar la famosa foto de la cascada y el arco iris! Con sol o con lluvia el paisaje es espectacular. 


Comimos unos bocatas de atún con tomate y nuestra última ración de embutido. Como nos pillaba de camino también paramos en Geysir. ¡Qué bonito es el sol con estos espectáculos naturales!.


La nota triste es que este sería nuestro último día de auroras. Marchábamos al día siguiente de Hella a la ciudad.

domingo, julio 08, 2012

Islandia 11 de Septiembre 2011: Seljalandsfoss, Gljufrafoss, Skogarfoss, Vik i Myrdal, Reynisdrangar, Reynisfjara, Dyrhólaey, Eyjafjallajökull y Hella


Este día era para ver todo lo principal, excepto Reykjavik, que nos quedaba por ver en Islandia. Volveríamos a dormir a Hella, así que no íbamos como sherpas con las maletas al hombro.

Lo primero que vimos ese día fue Seljalandsfoss, una de las cascadas más famosas. Está entre Hella y Skógafoss, al lado de la Ring Road en camino a Þórsmörk (tiene un parking grande y se ve desde la carretera). Es una cascada del rio Seljalandsá con caída de 60m y lo característico es que permite verse por detrás. La tradición es que los enamorados den una vuelta por detrás agarrados de la mano. Es una cascada delicada, que parece que no lleva mucha agua, pero la realidad es bien distinta y vista por detrás también es una preciosidad.

Si andas por el camino hacía la derecha unos minutos encuentras la cascada Gljufrafoss (cuando crees que te has confundido de camino porque se acaba, andas un poco más como hacia una granja y ahí está). Esta cascada está como escondida dentro de unas rocas y para verla deberías meterte en el río… pero al lado hay un camino por el que puedes trepar, un tramo agarrándote a una cadena, y encuentras una escalera de madera por la que si subes un poco puedes ver la cascada. La verdad es que es una cascada muy curiosa, aunque mucho más pequeña que las otras que veríamos en este día.

Siguiendo la Ring Road continuamos unos kilómetros para llegar a la siguiente cascada espectacular: Skogarfoss. Es una de las cascadas más grande del país con una anchura de 25 metros y una caída de 60 metros. Situada en los acantilados del litoral que ha retrocedido hacia el mar (hoy está a una distancia de alrededor de 5 km desde Skógar), los anteriores acantilados marinos permanecieron, paralelos a la costa a lo largo de cientos de kilómetros, creando junto con algunas montañas una frontera clara entre las tierras bajas costeras y las Tierras altas de Islandia. Debido a la cantidad de espuma que produce constantemente la cascada, un arco iris simple o doble es normalmente visible en los días soleados. Según la leyenda, el primer colono vikingo en la zona, Þrasi Þórólfsson, enterró un tesoro en una caverna detrás de la cascada.

En el lado oriental de la cascada, un sendero para trekking lleva hasta el paso Fimmvörðuháls entre los glaciares Eyjafjallajökull y Mýrdalsjökull. Baja a Þórsmörk en el otro lado y sigue como la famosa Laugavegur a Landmannalaugar. Se puede subir por una escalerilla que hay a la derecha de la cascada (tomárselo con calma que es muy alta) y desde la parte de arriba, cruzando una valla por unas escalerillas de madera para cruzar las vallas, empieza la ruta que va a Þórsmörk y Landmannalaugar.

Después de mojarnos al acercarnos y la caminata hasta arriba para contemplar mejor este fenómeno de la naturaleza, nos dirigimos a Vik para ver está población. Realmente tiene muy poquitas cosas, salvo las playas de arena negra. Vik i Myrdal es pese a su tamaño (300 hab) el lugar mas grande en 70Km. Está justo debajo del glaciar Mýrdalsjökull que está encima del volcán Katla. El Katla no ha entrado en erupción desde 1918, y el típico reposo de este volcán suele ser de unos 40 años con lo que se especula con que puede ocurrir pronto. Si sucede esto, las riadas que se producirían por el deshielo del volcán se llevarían Vik por delante (solo se salvaría la iglesia que está a lo alto).

Comimos en la gasolinera N1 unas hamburguesotas. Como la marea estaba alta, no pudimos andar por la playa hacía Reynisdrangar así que tuvimos que ir en coche. Reynisdrangar  es una playa de estacas de basalto bajo la montaña Reynisfjall. La leyenda dice que las columnas se originaron cuando dos trolls arrastraban tres navíos hacia tierra y cuando llegó la luz del día se transformaron en piedra. Las columnas basálticas son muy impresionantes y lo más común es hacerse fotos subidos a ellas, cual tronos de la edad media. Por supuesto hay que sacarse una foto con los trolls de piedra. Si sigues por la playa se llega a Reynisfjara que es otra playa de arena negra famosa por sus olas peligrosas. Cuando llegamos nosotros nos encontramos con una especie de carrera o convoy de 4X4 que fueron alrededor de toda la playa y luego desaparecieron.

Cogiendo de nuevo el coche para ir a Dyrhólaey y su faro nos los volvimos a encontrar, menos mal que nos dio tiempo a subir hasta arriba porque el camino que lleva al faro es un poquillo duro. Desde allí vimos su playa de arena negra con rocas solitarias y su arco natural de lava negra de 120m de altura que da su nombre a la península. Desde allí se ve el glaciar Mýrdalsjökull, las columnas de lava negra de Reynisdrangar en el mar y la costa en dirección a Selfoss. Hacía un viento terrorífico, por lo que sacamos unas cuantas fotos y nos fuimos.

Hicimos un breve alto para ver el Eyjafjallajökull, ese volcán glaciar que en 2010 tuvo en jaque a las aerolíneas Europeas. Es curioso ver fotos de la erupción porque toda la nube de cenizas iba en dirección Europa y nada para Islandia (como decían las camisetas “we haven’t any cash, but we have lot of ash”).

Vuelta a Hella, donde dimos la tradicional vuelta al supermercado en busca del alimento nuevo perdido, para acabar unos noodles que compramos (realmente asquerosos) y disfrutar de otra noche de auroras. Esta noche vimos una de las auroras más potentes, ya que justo se ocultó la luna cuando estaba en su máximo esplendor (en las fotos se ven atisbos de rojo incluso).

jueves, junio 14, 2012

Islandia 10 de Septiembre 2011: Kirkjubaejarklaustur, Eldgja, Landmannalaugar y Hella

Después de la noche de las auroras, nos despertamos para ponernos camino a Landmannalaugar. Antes que nada, como nos pilla al lado vamos a ver Kirkjubaejarklaustur y su “suelo de iglesia”. Es una formación basáltica muy curiosa porque durante muchos años se creyó que era un antiguo suelo de una iglesia derruida. Su acceso no está muy claro, lo indica una señal pero atraviesa un campo con una valla que se cierra y en el que tienes a las ovejas a escasos metros. Después de coger pan (baguettes) para hacernos unos bocatas, nos pusimos en camino tomando la carretera 208.

Esta carretera es solo para todoterrenos ya que hay algún rio que vadear. Está carretera es la que hubieran tenido que coger la gente en Julio de 2011 cuando un puente de la Ring Road se vino abajo por el derretimiento de parte de un glaciar (al moverse el magma del volcán) y formarse una riada. El camino tampoco es excesivamente exigente, aunque se hace un poco pesado y el vadeo de ríos siempre infunde respeto. Eso si el paisaje es preciosos y eso que teníamos calima que nos impedía ver a lo lejos. Después de unos cuantos vadeos llegamos al Eldgja, un cañon volcánico que pilla de camino a Landmannalaugar. Es una fisura de erupción volcánica de alrededor de 30 km de largo y que pertenece al mismo sistema volcánico que el volcán Katla. Dimos un paseo desde el parking para llegar a la cascada Ófærufoss. Es un paisaje singular, con un montón de rocas por el camino, muchas de las cuales se desprenden todavía. Había dos rocas enormes en medio que habían caído el año pasado y la otra apenas hacía un par de meses, que miedo. Llegamos a la cascada Ófærufoss. En su interior, en 1993 un puente en esta cascada se derrumbó debido a un exceso de agua del deshielo. Es una bonita cascada que, como hacía sol, nos regaló el primer arcoirirs que vimos en todo el viaje. Proseguimos nuestro trayecto ya que nos quedaba pocos kilómetros para llegar al mítico Landmannalaugar, con su famoso trekking de 4 días a Þórsmörk. Nos sucedió algo digno de mencionar. Vinos un vadeo de los grandes, con un montón de carteles. Como precavidos que somos, nos bajamos a investigar, leer bien las indicaciones y ver por donde era mejor cruzar. Es esto que vino un todo terreno bigfoot enorme que apenas se paro en el vadeo y levantó mucha agua. Lo cual nos llevo a la conclusión “si el puede tan fácil, nosotros también”. La verdad es que cruzamos sin problemas, pero también es cierto que no pensamos es que las ruedas del bigfoot eran casi tan altas como nuestro coche… así se cruzan bien los ríos.

A la llegada al camping de Landmannalaugar vimos un aparcamiento, que estaba realmente fuera del mismo pero había que pasar dos vadeos que decidimos ahorrárnoslos. Eran unas charcas muy hondas que yo creo que estaban para hacer la turistada de “he llegado a Landmannalaugar vadeando dos ríos”. En el parking dimos buena cuenta de dos bocatas de atún con tomate y paleta ibérica con tomate. Durmiento en el camping no vimos a mucha gente. La verdad es que parecía el campo base de un campamento del Sáhara, pero haciendo más frio y con aguas termales. Nosotros ya que habíamos recorrido tan largo camino decidimos hacer una pequeña ruta circular que hay cerca del camping de unas dos horas de duración.

Va por Graenagil, Bláhnúkur y Landmannahellir. Merece mucho la pena porque se ven todos los paisajes que nosotros habíamos visto de Islandia (a excepción de fiordo, que no hay mar, ¡y había hasta chupones de hielo!). Campos de riolita, campos de lava, Hvellir… y una gama de colores expectaculares, marrones, verdes, rojos, grises, negros... Después de esta ruta, decidimos continuar hasta Hella donde nos alojaríamos las 3 noches siguientes. Fuimos por otra carretera, para salir más adelante y porque era mejor carretera (así nos explicamos que un Yaris llegara hasta el camping) sin vadeos ni problemas.



Llegamos a nuestras cabañas Arhus en Hella. Unas cabañas de madera con las camas un poco pequeñas, pero que eran acogedoras, calentitas y en las que hubiéramos cabido 6. Nos comimos una pasta con salsa de tomate (dando una vuelta por un supermercado local para ver si había algo nuevo que comer… que va ser que no) y sweet chili algunos y por la noche… ¡Auroras! Otra noche con unas bonitas luces del norte. Lastima que la luna estuviera llena y muy alta en el firmamento… aunque vimos algunas muy chulas.

sábado, junio 09, 2012

Islandia 9 de Septiembre 2011: Skaftafell, Svartifoss, Falljökul y Hvoll

Personalmente este día fue el mejor de todo el viaje con mucha diferencia. Como todos los días madrugamos. Este día teníamos desayuno en el hostel, así que cogimos fuerzas con la mermelada de naranja y fuimos hacia el parque nacional de Skaftafell. Pasamos otra vez por la laguna glaciar y seguimos pensando como era posible que apareciese de la nada. Es una de las principales atracciones turísticas del país

Skaftafell National Park está situado entre Kirkjubæjarklaustur (Klaustur) y Höfn. Forma parte del PN Vatnajökull. La entrada principal está en Skaftafell, junto al glaciar Vatnajökull. Hay que desviarse unos cinco kilómetros desde la Ring Road para llegar al centro de visitantes donde hay una pequeña cafetería, un aparcamiento con mesas de picnic y una zona de camping. En la oficina de información del parque informan sobre las distintas rutas que se pueden hacer. La primera ruta sale junto al camping, a la derecha de la oficina de información. Desde aquí salen la mayoría de las rutas y luego se pueden ir enlazando.

Cuando llegamos lo primero que hicimos fue contratar la excursión por el glaciar. Llegamos tarde así que le preguntamos a un chico que cuando salían las demás y cual merecía más la pena. Ya íbamos con información privilegiada. Nos había dicho que había una ruta de 2 horas y media que era para niños y jubiletas que cogiésemos la más larga. El problema es que eran 5 horas y claro eso impresiona. Preguntando al que sería nuestro guía, nos dijo que al final se estaban de 3 horas a 3 horas y media solo sobre el hielo y que no tendríamos ningún problema. Así que nos lanzamos y contratamos la excursión por 60 euros por barba con glacier guides. Desde luego que no nos íbamos a arrepentir.

Como la excursión salía a la una de la tarde, y eran poco más de las diez y media, decidimos hacer la ruta para ver Svartifoss. Hasta la cascada hay media hora o algo más, caminado por la montaña entre arbustos bajos, hasta llegar al cortado donde cae la cascada. Seguimos la ruta pasando por algún mirador donde disfrutar del espectacular paisaje hasta llegar a una segunda cascada, la Hundafoss, menos espectacular pero también muy bonita.


La primera parte del camino va subiendo la ladera de la montaña durante algo más de media hora hasta llegar al lateral de una de las lenguas. Una vez en este punto, el sendero sigue por la ruta larga, bordeando el glaciar, o se puede seguir otro camino más corto, que va hacia la Svartifoss.

Svartifoss (Cascada Negra) está rodeada por columnas basálticas negras, de origen volcánico, que le dan su nombre. Las columnas hexagonales fueron formadas por un proceso de cristalización dentro de un flujo de lava al enfriarse de manera extremadamente lenta. Formaciones similares a esta se encuentran en la Calzada del Gigante en Irlanda del Norte y en la isla de Staffa en Escocia. La base de esta cascada está repleta de rocas afiladas, a medida que se desprenden nuevas secciones de columna hexagonal, más rápido de lo que el agua tarda de limar sus. Tiene su origen en las aguas del deshielo del glaciar vnafellsjökull. Durante el trayecto de subida hay otros saltos de agua como la cascada Hundfoss (cascada de los perros). Muy cerca de la cascada Svartifoss hay un desvío hacia el Mirador de Sjónarnípa. La caminata vale mucha la pena ya que desde este punto podréis disfrutar de unas espectaculares vistas del glaciar de Skaftafellsjökull y del desierto de arena. Pero a nosotros no nos dio tiempo ya que teníamos cita con el glaciar.

Íbamos a ir por la lengua Falljökul, a los que habíamos cogido la excursión larga nos dieron arneses, piolets, cascos y crampones. Hacía un sol de justicia aun así decidí llevarme el superabrigo. Nos montamos todos, excursión corta y larga, en un autobús del cole americano que nos llevaba a la lengua, 20 minutos de trayecto. Nada más llegar, empezamos a ponernos los arneses y yo empecé a ponerme mi forro polar y mi abrigote. El guía me dijo algo así como “Amigo, creo que vas demasiado abrigado” con una camiseta de manga corta. ¡Será mamón el tío! Podía habérmelo dicho en el parking. Pues el forro fue a la mochila y el abrigo a llevarlo en los brazos. No tenía frio porque hacía sol, llevaba mallas y una camiseta interior de esquiar. Después de más de media hora andando por lo que creímos tierra llegamos a la lengua. Pero no era así, todo el rato que íbamos andando como por tierra, en realidad era hielo. Vaya sorpresa nos dimos. Otros diez minutos tardamos todos en ponernos los crampones mientras nos contaba la historia de los glaciares. Nos llevó a dos agujeros que se habían formado y en ese momento fue cuando nos alegramos de haber cogido la excursión larga: el otro grupo de la corta regresaba al autobús.
Nosotros que le estábamos cogiendo el gustillo a andar por el glaciar, pudimos continuar (menos mal). Como hacía bueno, el agua fluía por todas partes y como nos dijo el “amigo” esta agua era muy pura y se podía beber directamente… y eso hicimos (incluso yo que era muy reacio y al final nos cascamos varias botellas… por suerte sin dolor de estomago por el frio). Nos metió por zonas blanquitas, por zonas llenas de ceniza, por pequeñas cascadas de agua que se iban formando, por cuevas… todo esto camino de unas crestas espectaculares. Nos enseñó a subir y bajar por el hielo a andar lateralmente para no caernos (todo esto en el contexto de meros aprendices). Fueron tres horas por el hielo espectaculares, donde la belleza de la naturaleza te deja sin palabras. Cansados pero contentos regresamos al parking a recoger nuestro coche. La sonrisa no se podía borrar de la boca.

Proseguimos hacia Hvoll donde dormiríamos esa noche. La verdad que ha sido uno de los hostel que más me han gustado. 3 cocinas, habitaciones bastante amplias, comedor grande. Como estábamos cansados nos hicimos pasta para cenar y nos fuimos a dormir. El cielo estaba despejado pero no veíamos ninguna aurora. Decidimos poner la alarma del móvil cada hora para ver si veíamos alguna aurora. Pero no veíamos nada, nos asomábamos por la ventana y veíamos a gente como nosotros que miraba, pero nosotros seguíamos sin ver nada. Mi primera alarma sonó a las 00:30 me asomé a la ventana, salí por una puerta lateral pero seguí sin ver nada. La cosa es que veía a la gente que miraba y yo pensaba ¿Cómo serán las auroras…? Hasta que vi unas pequeñas franjas blanzas en el cielo SIIIIIIIIIII eran auroras, nos vestimos corriendo y bajamos abajo. Pregunté a un americano gigante que si había luces del norte y con una sonrisa como la de papa Noel, dijo, “si, lo son”. Amablemente nos regaló un secreto, si íbamos a la parte de atrás del hostel había una mesita donde no había casi luz y donde se veían mejor las auroras. Guau, que maravilla el cielo lleno de esta belleza natural. Como había luna llena se veían más blancas que verdes (verdes se veían cuando eran muy fuertes). Nos pasamos casi dos horas admirándolas, viéndolas bailar y pasando frio. La verdad que mereció la pena. Fue un día redondo, cascada, glaciar y auroras. Indescriptible.

jueves, junio 07, 2012

Islandia 8 de Septiembre 2011: Höfn y Jökulsárlón

La verdad que fue una pena lo del día anterior por el tiempo. Pensamos que tal vez a la mañana siguiente sería distinto. Pero no fue así, de hecho las carreteras que habíamos dejado atrás por el Myvatn estaban cortadas por la nieve. Nos lo dijo una pareja de españoles majos (los primeros que vimos) que estaban haciendo la ruta en sentido contrario a las agujas del reloj (menos mal que cambiamos el sentido por el Ferry Baldur). Por esta razón decidimos irnos cuanto antes, no fuéramos a quedarnos incomunicados en el Hostel-Hospital del pánico sin nada que hacer. Avanzamos por los fiordos del Este, que la verdad es que son bonitos. Pero si has visto los del Oeste, la verdad es que te saben a poco. Aún así es un trayecto agradable de conducir. Como íbamos a llegar pronto a Höfn decidimos avanzar un poco más hasta llegar a la laguna Glaciar de Jökulsárlón (Glacier Lagoon).


Jökulsárlón es el mayor y más conocido lago glaciar de Islandia con 18 km² de unos 75 años solamente. Está situado en el extremo sur del glaciar Vatnajökull, entre el Parque Nacional Skaftafell y la ciudad de Höfn. Una de sus características más llamativas es que se encuentra lleno de icebergs, que se desprenden de la lengua del glaciar Breiðamerkurjökull. Esto hace de Jökulsárlón probablemente el lugar del mundo en el que es más sencillo para acceder a un iceberg. Tiene una profundidad máxima de aproximadamente 200 m, lo que lo convierte probablemente en el segundo lago más profundo de Islandia. Desde su orilla es habitual poder avistar focas y aves marinas, especialmente charranes árticos y skuas, grandes gaviotas que anidan en el suelo en los alrededores del lago y que ocasionalmente pueden ser agresivas. Está separado del mar por una corta distancia, por lo que la acción combinada del glaciar, el río que vacía el lago (de sólo 1.5 km de recorrido) y el océano podrían llegar a transformarlo en un entrante de mar. Cerca de Jökulsárlón existen otros dos lagos glaciares, Fjallsárlón y Breiðárlón. Debido a su belleza, Jökulsárlón ha sido escogido como localización en numerosas películas, incluyendo Beowulf & Grendel, Tomb Raider, Muere Otro Día (James Bond), Batman Begins y Panorama para matar (película) (James Bond).


Su composición es de aproximadamente de un 50% de agua dulce y un 50% de agua salada por lo que los cristales de hielo son más duros, densos y brillantes que el hielo normal. Las temperaturas son bajo cero (la sal hace que el agua baje su punto de fusión hasta los -10 ºC ), hay zodiacs de seguridad. Si te caes al agua la hipotermia puede llegar entre los 2 y los 5 minutos. El color oscuro del hielo no es suciedad sino que se debe a restos de minerales de origen volcánico que el hielo ha atrapado mientras se desplazaba por la lengua del glaciar. El hecho de que algunos bloques de hielo sean azules mientras que otros son blancos se debe básicamente a un efecto de absorción de las diferentes longitudes de onda del espectro visible de la luz provocado por la densidad de agua contenida en el hielo. Así los trozos azules son debidos a que el hielo absorbe todos los colores del espectro visible (pensad en los colores del arco iris) menos el azul que lo refleja y es lo que nosotros podemos ver. Los tozos blancos son debido a que por su pequeño tamaño contiene muy poca densidad de hielo (agua) y no son capaces de absorber ninguno de los colores del espectro visible sino que los reflejan todos y por eso nosotros lo vemos blanco (las superficies que no reflejan ningun color sino que absorbe todas las longitudes de onda de espectro luminoso del visible para nosotros son negros absolutos). La verdad que una vez que lo vez impresiona aunque al principio te da la impresión de que es una turistada para que se monten los turistas en un barco y que no es hielo sino cartón-piedra ¿Por qué?. Pues porque no hay ni rastro de ningún rio, solo se ven a lo lejos las lenguas del glaciar y de repente al pasar una curva por la Ring Road aparece la laguna llena de icebergs. Y son de hielo, que cogimos uno para una foto y se te quedaban las manos heladas.


Decidimos comer allí, porque hacía sol y aunque el viento era fresquito, se estaba muy bien observando los icebergs y las focas. Nos pasamos el resto de la tarde intentando llegar a alguna de las lenguas del glaciar, pero siempre que nos acercábamos, se cruzaba un rio que nos impedía llegar. Aún así es curioso ir por un camino y cuando llegas al rio que detiene tu trayecto hacia la lengua, encontrarse un baño con forma de cabañita… estos islandeses piensan en todo. Pero tuvimos un fallo, no teníamos que haber hecho noche en Höfn y haber pasado dos en Hvoll. Höfn es una ciudad que no tiene mucho. Es el paraíso de la cigala pero quitando eso no tiene mucho que ver. 

La verdad es que nos alojamos allí porque creíamos que Hvoll estaba muy lejos, pero desde Jokursalon merecía la pena haber continuado. Nos pudo un comentario que habíamos leído en un foro diciendo que en Höfn habían comido la mejor hamburguesa con salsa de setas del viaje. La verdad es que nos la comimos nosotros también y no era para tanto (es más era un poco insipida). Briconsejo, hay que pasar de Höfn e ir más hacia Skaftafell. Las habitaciones no eran nada del otro mundo y era mucho más caro que el resto de hostels. Además tampoco esta noche en Hofn, aunque estaba despejada, vimos auroras.